¿QUÉ TE PREGUNTABAN LOS GRIEGOS AL MORIR?

Para aprender sólo tienes que activar tus sentidos y abrir tu corazón. Hoy me he levantado pronto y no me apetecía ponerme a leer. Así que he recordado una película que hacía tiempo que quería ver. Se titula “Ahora o nunca” y está protagonizada Jack Nicholson y Morgan Freeman.


En la peli, a los dos protagonistas les diagnostican un cáncer y les pronostican un corto periodo de supervivencia. Así que  deciden realizar una lista con aquellas cosas que no han hecho. Lo típico, vaya.


La película te hace reflexionar en varios temas pero hay un momento que me llamó mucho la atención. Es una escena en la que Freeman le pregunta a Nicholson si sabe qué pensaban los griegos que te preguntaban al llegar al cielo tras morir. 


Parece ser que la primera pregunta era si habías encontrado la felicidad en su vida. Si la respuesta era afirmativa, la segunda pregunta era si habías proporcionado felicidad a otras personas.


Se trata de una dupla de preguntas que nos pueden hacer reflexionar largo y tendido. 


La felicidad es un estado de ánimo que sientes cuando gozas de aquello que deseas, porque disfrutas de algo que valoras o alcanzas una meta deseada.


Sin embargo, la vida no está “diseñada” para que seamos felices de una forma continuada, sino que se trata de una suma de instantes felices de forma subjetiva: tus momentos felices, aunque a los demás les parezca una memez.


Esos momentos de felicidad los compartes con aquellas personas que tú decidas. Y seguro que, echando la vista atrás, descubrirás que los momentos más felices son aquellos que compartiste. Por pequeños que fueran.


Y tú, ¿has encontrado la felicidad o la sigues buscando? Y, si sigues buscando, ¿cómo vas a saber que la has hallado?


Te quiero presentar un concepto que tal vez ya conozcas o del que hayas oído hablar en alguna ocasión: se llama “ikigai”.


Se trata de un término japonés que podríamos traducir como “la razón de vivir o la razón de ser”. Es una especie de viaje en busca de uno mismo. “Iki” se refiere a la vida; mientras que “gai” sería la realización de lo que uno espera y desea.


Al final de este camino de búsqueda se encuentra lo que te gusta de esta vida y el valor que tú puedes aportar. Sería el lugar que hace que tu corazón vibre de una forma especial. Haciendo aquello que se te da bien y que repercute en un beneficio en los demás. Permitiéndote también vivir de ello desde un punto de visto económico. De lo contrario sólo sería un “hobby”.


¿Cuántas veces has estado delante de tu “ikigai” y, por desconocimiento, lo has dejado escapar mientras te dedicabas a hacer las actividades que otras personas pensaban que debías hacer?


En el anverso de la moneda de tu felicidad, se encuentra la situación de habérsela proporcionado a los demás. Te quiero dejar unas claves que a mí me sirven para hacer felices a mi gente; espero que a ti también te sirvan.


  • Saluda a la gente sonriendo. Mirando a los ojos sin miedo ni vergüenza. Nuestra mirada habla y comunica muchas cosas. Levanta la cabeza del móvil y mira con quién te encuentras.


  • Abraza todo lo que puedas. No se gastan y, cuantos más das, más te apetece regalar. Y, aunque no sea muy intuitivo, un abrazo aporta más al que lo da que al que lo recibe. Es un magnífico antidepresivo natural que te recarga las pilas rápidamente.


  • Ayuda en todo lo que puedas sin hacer grandes gestos. Puede ser algo muy sencillo pero con un gran valor intrínseco.


  • Da las gracias. Ante cada pequeño acto o ante esas palabras que te dedican. Nadie está obligado a darte nada así que sé agradecid@.


  • Escucha con atención. Potencia tu empatía calzándote sus zapatos. Y sé sincer@.


  • Ponte en contacto con esa persona que quieres y con la que hace tiempo no charlas. Sólo pregunta qué tal le va e interésate por su vida. Seguro que le produces un chute de energía.


  • Regala algo sin que sea un día señalado. Que tenga un significado para ti y para la persona que recibe el regalo. Puede ser algo pequeño, artesanal, lo que quieras (incluso tu tiempo). Pero tiene que ser un acto sincero y desinteresado.


  • Comparte. No te guardes lo que tienes: conocimientos, tiempo, lo que sea. Hay mucha gente que lo necesita y no saben cómo pedirlo.


Por hoy ya tienes suficientes deberes: poner en práctica estas ocho claves, la película que te recomendé…y la madre de las reflexiones: ¿soy feliz en mi vida?, ¿hago felices a las personas que más me importan?

Será un placer acompañarte desde la Tribu “INVIVEN”. Recuerda que, si no quieres conformarte con las migajas, puedes matricularte en la formación online “INVIVEN “(Instructores de Vivencias en Positivo) que cuenta con el aval de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. 

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