TAN SÓLO SEIS MESES

Seguro que andarás pensando en el mal rollo que te entra cada vez que te recuerdo que tu vida se puede terminar en cualquier momento.


Sin embargo, en ocasiones es necesario tener muy presente esta reflexión si queremos fijar las metas que queremos alcanzar.


Imagínate que vas al médico para hacerte un reconocimiento completo. Te hacen todas las pruebas imaginables. Unos días más tarde el médico te llama y te dice que tiene buenas y malas noticias.


Al llegar a su despacho, te informa de que durante los siguientes seis meses vas a tener la vida más sana y más llena de energía que puedas haber imaginado nunca. Esa es la buena noticia; la mala es que, al término de los seis meses, vas a morir.


El concepto “muerte” nos asusta. Pensamos que la nuestra nunca llegará o que queda demasiado lejos como para contemplarla. 


La cuestión no es morir; La cuestión es estar vivo o estar muerto en vida.


Lo que quiero que te plantees hoy es: después de escuchar al médico, ¿cómo vas a pasar tus últimos seis meses de vida?, ¿con quién vas a pasar ese tiempo?, ¿dónde irías?


Las posibilidades son muchas pero no todas son iguales: estudiar para esa oposición que has suspendido en dos ocasiones, seguir trabajando en un puesto que no te aporta nada, viajar a todos los lugares que siempre quisiste conocer.


La verdad es que no te imagino haciendo exactamente lo mismo que antes de que recibieras la noticia, pero me gustará que me lo cuentes en detalle.


Lo más habitual es que, a través de las cosas que decidieras hacer en tus últimos seis meses de vida, se vean reflejados tus valores y lo que consideras importante en tu vida.


Por eso este ejercicio te va a ayudar a fijar tus metas. Porque hará que veas, como lo que realmente son, todas esas excusas que te pones a diario para no ir a buscar tus sueños. Porque, a veces, es necesario que alguien te diga que te queda poco tiempo de vida para que juegues con tus hijos, le digas a tus padres que les quieres o lo que sea.


Es demasiado triste que alguien te tenga que hacer ver que esto se acaba. Pero, en el fondo y si lo piensas bien, desde el momento en que naciste, se está acabando. Aunque duras, mis palabras son realistas.


En el libro “Sopa de pollo para el alma”, Jack Canfield y Mark Victor Hansen recopilaron una serie de escritos. En uno de ellos se nos recomienda que escribamos cien cosas que queramos hacer en la vida; un listado con cien sueños por cumplir.


Al ponerlo por escrito, no sé si por obra y gracia del Universo, empieza a producirse la magia y algunos de esos sueños se convierten en realidad. Al dar el primer paso (materializar tu sueño al ponerlo por escrito), el siguiente viene a tu encuentro. Tan sólo tienes que ser capaz de visualizar tu sueño con el mayor grado de detalle posible.


Hay gente que nunca ha soñado. O que se ha olvidado por completo de los sueños que un día tuvieron, en el ajetreo del día a día. No seas uno de ellos. 


¿Qué pasa si cumplo los cien sueños que escribí? Fácil: escribes otros cien. Porque cada vez que alcanzas un objetivo, es como si te metieras un chute de endorfinas por vena que hace que tu cerebro recobre la energía, el impulso y el deseo de seguir haciendo cosas. ¡Brutal!


De hecho, te recomendaría que transformaras tu lista de tareas (tu “to do list”) en una lista de sueños por alcanzar. De esta manera, tu motivación aumentará: porque no es lo mismo realizar una tarea pendiente que cumplir un sueño. ¿Verdad?


Te voy a contar un pequeño relato: se dice de un hombre que vagaba por el mundo en busca de la respuesta a la pregunta “¿quién soy?”, cuando llegó hasta un cementerio situado en las afueras de un pueblecito. El hombre se fijó en que las inscripciones de las lápidas no tenían fechas. En su lugar había una descripción temporal: “Juan, dos años”; “Miguel, cinco años y tres meses”; “Lucía, siete años, dos meses y quince días”. Extrañado porque en la mayoría de tumbas figuraba un tiempo muy corto, y temiendo que algún tipo de epidemia asolaba la región, dio con un vecino que lo sacó de su error: no se trataba de la edad biológica con la que murieron lo que estaba inscrito en el mármol, sino el tiempo que aprovecharon su vida.


Y tú, ¿cuántos años “reales” has vivido?, ¿qué pondría en tu lápida si hoy murieras en ese pueblo?


Si piensas que es poco, tienes la suerte de poder cambiarlo ahora mismo. Está en tu mano.

Será un placer acompañarte desde la Tribu “INVIVEN”. Recuerda que, si no quieres conformarte con las migajas, puedes matricularte en la formación online “INVIVEN “(Instructores de Vivencias en Positivo) que cuenta con el aval de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. 

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También en el podcast “Lo que siempre quisiste saber”, donde hablamos de sexo y de relaciones de pareja sin pelos en la lengua.

Muchas gracias.

 

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