EL ADIÓS DEFINITIVO

El sol puede morir y volver a nacer, pero nosotros, una vez apagada nuestra breve claridad, hemos de dormir en una sola y eterna noche.

Cátulo

Decir adiós nunca es sencillo, pero sí imprescindible. 

 

Todos, tarde o temprano, perdemos a algún ser querido. Quizás ya te haya sucedido y pienses que frases como “te acompaño en el sentimiento” o “mi más sentido pésame” no sirven de nada. En momentos así, no hay palabras en el mundo que mitiguen el dolor de la pérdida. Más bien, pueden tener el efecto contrario y resultar indiferentes, meras frases hechas. 

 

Hoy quiero ofrecerte una serie de herramientas que te ayuden a asumir que tienes permiso para no estar bien y que no tienes que aparentar fortaleza. Incluso, para que valores la posibilidad de aprender a vivir sin esa persona.

 

He dicho “vivir”, y no “sobrevivir”, porque la diferencia es esencial y hay mucha gente que sólo hace lo segundo, por muchos años que hayan pasado. Pero, a vivir sin las personas que ya no están y, lo que es más importante, con las que sí que están a tu lado, se puede aprender.

 

Te quiero recomendar la película “Posdata, te quiero”, que ofrece una visión un poquito más positiva de la muerte y puede ser un buen complemento al contenido de este episodio. Sobre todo, porque se termina encontrando un “para qué” y un aprendizaje más allá del “porqué”. En estas situaciones los “porqués” no tienen ninguna validez.

 

 

El tema del adiós tiene un cariz muy cultural. Ya desde pequeñito, te habrán enseñado a que en estas situaciones tienes que llorar de dolor.

 

Yo te quiero proponer una alternativa: y es que esas mismas lágrimas surjan desde el agradecimiento. Por haber podido disfrutar de la persona que se ha ido, por su amor y porque su presencia te ayudó a convertirte en la persona que eres ahora.

 

Y, por qué no, que sientas la felicidad por el tiempo pasado juntos, más allá de la pena que te produce el saber que nunca más volverás a estar a su lado.

 

El duelo por el fallecimiento de un ser querido pasa por una serie de fases.

 

  • El shock de la pérdida. El momento de la recepción de la noticia es como una bomba que te cae encima y el dolor es máximo. Tu cerebro es incapaz de asimilar más información porque no está preparado para ello.

 

  • Negación. No te lo puedes creer y esperas que todo sea un error y que, en cualquier momento, alguien te diga que sólo ha sido una broma; una muy pesada.

 

  • Miedo. Aparece cuando la soledad te invade y te haces consciente de que ya no podrás estar cerca de esa persona. No podrás hablar con ella delante de un buen café o una cerveza.

 

  • Enojo. Te sientes enfadado por lo sucedido y buscas los porqués de una forma infructuosa.

 

  • Negociación. Suele ser una fase irracional en la que te llegas a plantear que, si te concedieran unos días más, o incluso unas horas más con esa persona, serías capaz de vender tu alma al diablo o de hacer cualquier cosa que se te pidiera.

 

  • Depresión. Te metes en lo más profundo de tu cueva con la única compañía de la tristeza. No quieres ver a nadie, hablar con nadie. Sólo sientes un gran sufrimiento brotando de tu interior. Hay gente que se queda en este punto, que se siente cómodo en él y no quiere (o no sabe cómo) salir.

 

  • Resignación. Asumes que la nueva situación no te gusta pero que no puedes hacer nada para cambiar las cosas.

 

  • Aceptación. Para llegar a esta fase es imprescindible que verbalices lo que ha pasado, que elabores un relato para contarle a los demás. Al principio será un relato triste y trufado de lágrimas; y luego, poco a poco, irás cambiando las lágrimas por la sonrisa que te provoca el recuerdo de la persona.

 

  • Encontrar el sentido. Hallar el “para qué”. O lo que es lo mismo, lo que has podido aprender de la situación que has vivido.

 

  • Vuelta a la vida. Una vida diferente. Pero es que la vida no es estática sino cíclica. Y volverá a suceder con otras personas, pero tú ya no serás la misma persona y lo vivirás de una forma distinta. Y se trata de eso: de tu obligación, para contigo y para con esa persona, de seguir viviendo. 

 

Sólo tú tienes la decisión de cómo vas a vivir. Sólo tú puedes decidir prescindir de ese síndrome de Diógenes emocional del que te hablé ya en un episodio (pincha en el enlace que te he dejado por si quieres recordarlo).

 

Si tienes la suerte de poder decir “adiós” a una persona que quieres y que sabes que se va a ir en breve, hazlo en persona. No te guardes nada: dale las gracias y pídele perdón. Dale la oportunidad para que se pueda despedir de ti y marche en calma. Y, así, acepte la mortalidad que todos tenemos de una manera distinta: desde la tranquilidad que otorga el saber que las cosas estarán bien una vez que se haya ido; y no desde la angustia y el miedo de la incertidumbre.

 

Y si ya es tarde para hacerlo con la persona en la que estás pensando, te propongo que le escribas una carta especial; una carta con el siguiente guión: gracias, perdón, sin embargo y nuevamente gracias. Empieza agradeciendo todo lo que se te ocurra. Luego, pide perdón por las cosas que sientas. La fase “sin embargo” es el pequeño tirón de orejas que quieras transmitirle. Y termina agradeciendo de nuevo a esa persona todo lo que te aportó.

 

Te recomiendo que escribas esta carta fuera de tu casa (mucho mejor si lo haces al aire libre). De esta forma, las energías negativas que puedan surgir no se quedarán dentro de tu casa. Escríbela del tirón. No te levantes hasta que hayas acabado, a pesar de las lágrimas y de los nudos de garganta que puedan aparecer.

 

Una vez que esté terminada, vete a un lugar con un significado especial y léela en voz alta. Y, cuando lo hayas hecho, rompe la carta y quémala. Utiliza esas cenizas para cultivar una planta o una flor que vayas a ver crecer.

 

Hazlo porque te va a aportar tranquilidad. Y decir “adiós” no implica el olvido. Esa persona estará siempre en tu interior. Pero el recuerdo no es igual desde el agradecimiento que desde el dolor.

 

Sé que el episodio de hoy te va a resultar más duro de lo normal. Sin embargo, créeme que será algo de gran valor en un futuro. Y, si en estos momentos atraviesas una situación similar, déjame mandarte un abrazo enorme y pedirte que hagas los deberes. Hoy mismo. No lo dejes para mañana

Será un placer acompañarte desde la Tribu “INVIVEN”. Recuerda que, si no quieres conformarte con las migajas, puedes matricularte en la formación online “INVIVEN “(Instructores de Vivencias en Positivo) que cuenta con el aval de la Universidad Europea Miguel de Cervantes. 

Muchísimas gracias por estar ahí. Si te ha gustado, me encantará que des al “me gusta” y que te suscribas al canal para que no te pierdas ninguna novedad. 

Muchas gracias por compartir y recomendar este podcast y nuestras formaciones a todos aquellos a quienes creas que puede ayudarles. 

No olvides que puedes encontrarme en www.rosamontana.com o en rosa@rosamontana.com

También en el podcast “Lo que siempre quisiste saber”, donde hablamos de sexo y de relaciones de pareja sin pelos en la lengua.

Muchas gracias.

 
 

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