NO ME DES CONSEJOS, NO TE LOS HE PEDIDO

¡Mira que nos gusta dar consejos!

 

La “consejitis” es una enfermedad muy extendida. Con demasiada frecuencia nos encontramos escuchando algún consejo no pedido o caemos en la tentación de darlos sin que se nos haya pedido nuestra opinión.

 

En el ámbito de la pareja se da mucho. Pareciera que, cuando tienes pareja, cualquiera se convierte en el mejor terapeuta o consejero matrimonial del mundo. Saben lo que tienes que hacer, cuándo y cómo.

 

Tengo una teoría para explicar la necesidad de ir dando consejos por doquier: pienso que, cuando alguien nos cuenta un problema, nos preocupa tanto y nos molesta tanto tener que estar hablando sobre ello, que queremos quitarnos el problema cuanto antes con una solución sencilla.

 

Pero no todos los problemas tienen soluciones tan sencillas. Más bien pocos lo tienen, diría yo.

 

CONSEJOS DE TU PROPIA PAREJA

 

Es una de las situaciones más irritantes. Porque puede ser que solamente quieras expresar tus emociones a tu pareja y no quieras que te de ningún consejo al respecto. Y entonces llegan las terribles palabras: “lo que tienes que hacer es…”. Y se te cae una losa encima.

 

Cuando alguien te dice algo así, lo que más te apetece hacer es justo lo contrario a lo que te ha propuesto, ¿o no? En ese momento tienes la sensación de que no te han escuchado en absoluto.

 

No nos damos cuenta de que en ocasiones sólo necesitamos ser escuchados, no recibir consejo.

 

Y, si estás del otro lado y no sabes si dar un consejo a alguien que no te lo ha pedido expresamente pero que te está contando un problema para el que piensas que tienes la solución perfecta, te recomiendo ir muy despacio y que le preguntes si hay algo más que tenga que contarte. 

 

Se llama escucha activa y es algo muy potente de percibir de otra persona; permite que no se deje nada de información en el tintero.

 

Después, cuando ya no quede nada de nada que añadir, podemos preguntar de forma explícita qué es lo quiere la otra persona que hagamos a continuación.

 

Si nos pide nuestra opinión se la podremos dar. Pero, ¡ojo!, que una opinión no es un consejo. Y nos lo ha dicho claramente: quiere nuestra opinión por lo que deberíamos empezar diciendo algo así como: “desde mi punto de vista…”.

 

Y, si nos pide consejo, tendremos ya la oportunidad de hacerlo. Sin embargo, yo te recomendaría que, al final, añadieras que debe ser él o ella quien, después de reflexionar sobre el asunto y sobre nuestro consejo, decida lo que considere más oportuno.

 

Con lo que, si sólo se nos pide que escuchemos, tendremos que mordernos la lengua si fuera preciso y guardarnos nuestra opinión y nuestros consejos. Por mucho que veamos claro que es lo mejor que puede hacer es esa situación.

 

CUESTIÓN DE POSICIÓN

 

Cuando una persona se encuentra atravesando dificultades, lo está pasando mal y te lo cuenta, si tú te pones en una posición más positiva que él o ella (o sea, superior), lo único que vas a conseguir es hacer que ahonde en su negatividad.

 

Por ejemplo: alguien te cuenta que le han echado del trabajo y que se encuentra fatal y agobiado por sus deudas. 

 

Si te pones en una posición positiva de superioridad y le dices algo así como: “tranquil@, que es algo pasajero, ahora tienes una gran oportunidad, tú puedes…”, la otra persona probablemente sienta que no está siendo comprendid@ y que no estás empatizando con él o ella. 

 

El resultado va a ser que se ponga más negativo aún y que nunca más te cuente sus problemas.

 

Lo que deberías de hacer, ante una situación similar, es ponerte tú en negativo (inferior), por raro que te parezca. Con ello, la otra persona se va a terminar escalando en positivo.

 

No es nada fácil de hacer, lo admito. Te recomiendo que, para que funcione mejor, le pongas una nota de humor o de ironía a tu comentario negativo. De esta manera, es más fácil que la otra persona se de cuenta de que estaba exagerando su negatividad y reaccione.

 

En ese momento de reacción ocurre algo mágico, se podría escuchar el “clic” que causa en su cerebro el escucharse a sí mism@ cómo se dice cosas distintas a las que se venía diciendo. Y no se lo has dicho tú, que es lo más importante, “sólo” has provocado que la otra persona lo haga.

 

Por lo tanto, recuerda que no necesitas demostrar todo lo que sabes ni toda la experiencia que tienes cuando lo único que te piden es que les escuches o un abrazo para reconfortarse.

 

Pregunta y sabrás lo que la otra persona necesita. Es la mejor manera de ahorrar en consejos.

 

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